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jueves, 22 de septiembre de 2011

Una lección de libertad: sobre el concierto de Riqueni, por Juan Vergillos

Una lección de libertad
JUAN VERGILLOS | Diario de Sevilla 16.09.2011 - 05:00
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Guitarra: Rafael Riqueni, Yago Santos. Piano: Pablo Maldonado. Violoncello: José Luis López. Contrabajo: Manuel Calleja. Batería: Guillermo McGill. Cantaora invitada: Mayte Martín. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Jueves, 15 de septiembre. Aforo: Lleno.

Eché de menos a gente querida del mundo del flamenco anoche en la inauguración de la temporada del Lope. Un concierto gratuito que se grabó para el documental que Paco Bech está dirigiendo sobre el músico sevillano. Jóvenes flamencos, cantaoras, guitarristas, bailaoras, que hubiesen aprendido una gran lección de libertad. Los conciertos de Riqueni no sólo son un regocijo para el corazón, puesto que el tocaor toca ya, sólo, todo, con eso, con el corazón. También son, era el de anoche, el evento flamenco de la temporada.

Pero ¡yo estaba! Y gente que admiran y quieren a este músico irrepetible que pasó a la historia de este arte con sus dos primeros discos, que el arte jondo aún no ha terminado de digerir. Su nueva propuesta, naíf, impresionista, bebe del posromanticismo nacionalista, con poema programático y todo, en este caso todo un poema vegetal llamado Parque de María Luisa. La dificultad de la obra, como de otras inspiradas por el niño que fueron sus autores (desde Mozart a Bartók, pasando por Schumann o Debussy) no se deriva tanto de lo técnico como de una interpretación a pecho descubierto. Riqueni estuvo directo, abierto, honesto. Maravilloso. Apabullante y silencioso.

sábado, 29 de mayo de 2010

Sufrimiento y placer perejos


CANTES DRAMÁTICOS QUE NOS HACEN MÁS FELICES, por
Juan Vergillos, 28 Mayo, 2010. Diario de Sevilla.

Cante: Nene de Santa Fe, Antonio Campos. Guitarra: Paco Cortés, Manolo Carmona, Daniel Méndez. Lugar: Sala Joaquín Turina. Fecha: Jueves, 27 de mayo. Aforo: Media entrada.

El Nene de Santa Fe: tiene la dulzura, la mesura, la serenidad, el intimismo de Ramón Medrano. Y el brío y el color de voz de Panseco. Es así. Lo fue en las seguiriyas y los martinetes: cantes sentimentales, épicos por momentos, dramáticos y hasta trágicos, cuya audición nos permite, nos ayuda, a sentir la frescura del aire de la noche recién nacido. Eso sí, hasta la seguiriya, lo mejor de la noche, tuvimos que pasar por cantes rígidos y aburridos desde su misma concepción como la liviana o la caña, o esa canción por soleá apolá. Nada, nada. Todo esto, también las cantiñas de tierra adentro, fue un aperitivo para la verdad de la noche, seguiriyas y tonás. También la bulería, donde mostró su filiación y gusto caracoleros, así como su buen sentido del compás. Si en las seguiriyas destacó por intimismo el martinete fue la hora de la entrega, de demostrar el enorme color vocal que posee. Es decir que el Nene de Santa Fe es un hombre reticente que tan sólo a última hora, casi en la despedida, da todo de sí. No es cantaor para los impacientes.

Abrió el recital otro gran cantaor granadino, Antonio Campos, de la última hornada, que se distingue también por su enorme color vocal, el "leco" que decían los antiguos, y por su apego a y conocimiento del legado tradicional. Lo mostró sobre todo por soleá y tarantas. Destacó en las primeras por los estilos airosos del Mellizo y por el cierre, alejado de todo énfasis, con un cante a media voz que normalmente se utiliza como transición. El toque de Daniel Méndez resultó muy efectivo en estos cantes, desde su óptica moronera abierta a las estética contemporáneas, el minimalismo, la disonancia, pero no en los tangos. Por cierto que los "corridos gitanos" (al estilo de Los Puertos) con los que abrió y cerró, son anteriores al siglo XIX, es decir, anteriores a la estética gitana, agitanada y flamenca.

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El Nene de Santa Fe con la guitarra de Manuel Herrera, por soleá:

viernes, 30 de abril de 2010

Miguel Vargas, José Cenizo y Juan Vergillos

(Miguel Vargas. Fotografía de Paco Sánchez)

Reseña de Juan Vergillos del libro de José Cenizo sobre el cantaor Miguel Vargas, aparecida en la edición digital del Diario de Sevilla de hoy, día 30 de abril.

Como la Porverita sigue en dique seco y con la inspiración más apagada que una bombilla fundida, se aprovecha de algunas de sus debilidades -el cante de Miguel Vargas y el verbo de Juan Vergillos- para dejaros una muestra de que sigo aquí: viva pero fundida.

De toda la reseña, os dejo una cita en la que Juan glosa el cante del cantaor de la Puebla de Cazalla:
"El cante de este morisco asentado en Paradas es claro como una fuente a la vera del camino, viril, directo, sin adorno, sin trucos, franco. Aprendimos en su voz, como en la de Menese, a gozar de la poesía flamenca en ese venero que se llama Francisco Moreno Galván. Viril en los tonos altos, e íntimo, dolorido, esencial, paño de nuestras lágrimas en los cantes a media voz y en los tercios llamados de tránsito.

Sólo lo pude escuchar en una ocasión. Pero qué ocasión. Fue en la Peña Torres Macarena. Sin amplificación de la voz, a solas con la guitarra de José Luis Postigo, su mano derecha de los últimos tiempos e íntimo amigo. La fuerza, la verdad... Todos esos sustantivos que he repetido en esta reseña. Desgranó un repertorio clásico a pecho descubierto. Murió pocos meses más tarde. Fue una de sus últimas actuaciones, para mí memorable. Un recital muy serio, amplio de repertorio y preñado de verdad". (Juan Vergillos)

miércoles, 21 de octubre de 2009

Cualquiera se atreve a escribir un libro... de flamenco

Yo creo que escribir un libro es una cosa seria y que hay que tomárselo muy en serio.

Desde que me "pilló" este afán por el estudio del flamenco, compro casi todo lo que se publica sobre este arte. Pero, últimamente, llevo tantas decepciones, que he empezado a ser más cauta y selectiva, pues mis estanterías se están empezando a llenar de libros inútiles que nunca terminaré.

Ahora espero a ver que dicen los reseñistas y críticos en los que confío.

Uno de los poquitos de los que me fío es Juan Vergillos, y como hoy es miércoles y este muchacho tiene una página entera del Diario de Sevilla para reseñar y hablar de lo que se estrena o publica referido al flamenco, supongo que esta reseña es suya: De cultura flamenca, poquito. En la edición digital no aparece su nombre pero creo que es su estilo.

Le agradezco un montón que, con cosas como esta, me ahorre un nuevo disgusto y unas pocas de "perras", que la vida no está para ir tirando el dinero.

Quién quiera decir vaguedades sobre el flamenco... que abra un blog, como el mío.

martes, 7 de julio de 2009

Centenario de Caracol

Hoy, día 7 de julio es San Fermín, pero este año de 2009 -que me perdonen los pamplonicas- es más importante celebrar el centenario del nacimiento de Manuel Ortega Juárez, Manolo Caracol.

Todo el mundo habla de Manolo Caracol, pero nadie se atreve a meterle el diente a su biografía y obra completa.

Es una figura tan grande, que es imposible abarcarla con una sola mirada.

De todo lo escuchado en estos días, me quedo con la poética semblanza del Caracol trágico que conoció y entrevistó José María Velázquez-Gaztelu al final de su vida, y con la metáfora de Canasteros como el particular ruedo en el que Manuel, cantaor y torero, lidiaba cada noche su duende-toro-cante-muerte.

De todo lo leído, estas breves y aquilatadas notas de Juan Vergillos sobre las luces y las sombras de las celebraciones del centenario de nuestro ídolo.

Centenario de Caracol
El 7 de julio se cumplirán 100 años de su nacimiento, efeméride que está pasando sin pena ni gloria
JUAN VERGILLOS | DIARIO DE SEVILLA | 15.06.2009 - 05:00

Fue una de las grandes estrellas de posguerra por su mezcla de flamenco con copla. Bajo la denominación de Estampas y Zambras montó varios espectáculos con los que recorrió la geografía española haciendo pareja con Pastora Imperio, Pilar López o Luisa Ortega y, sobre todo, con Lola Flores.

Esta faceta aflamencada dio pie a la creación de las llamadas zambras, canciones aflamencadas de obsesivo ritmo binario, como La Niña de Fuego de 1949, una de sus creaciones más populares. Manuel Ortega Juárez Manolo Caracol (Sevilla, 1909-Madrid, 1973) creó escuela por su característico estilo vocal afillao, imprimiendo su personalidad a estilos tan variados como bulerías, soleares, seguiriyas y, sobre todo, tientos y fandangos, basados en los de Enrique el Almendro, que inician una tendencia que se aleja del típico fandanguillo operístico. También contribuyó a rescatar estilos poco conocidos como la bulería por soleá de la Moreno.

El arte de Manolo Caracol, siempre fue visceral, anárquico, fuera de toda norma o sistema, incluida la del canon estilístico de la flamencología de la época. Es cierto que cantó los estilos entonces llamados básicos, pero siempre lo hizo a su aire, a su manera, tomándose toda la libertad melódica y sobre todo rítmica que le daba la gana. Tan sólo el neoclasicismo de la Etapa de Rehabilitación le impuso una fórmula, la de la antología enciclopédica, que se plasmó en una grabación que es unánimemente reconocida como lo mejor del Caracol flamenco. No obstante, el título de la obra da fe del carácter personalísimo de la misma: Una historia del flamenco (Hispavox, 1959), la particular historia de Caracol, con la guitarra de Melchor de Marchena. Portento de soleares clásicas dichas a su manera bronca y personal y las falsetas helénicas de Melchor. Cantes de Alcalá y de Juaniquí y unos remates de guitarra que amartillan los tercios. Una joya impagable de poco más de cuatro minutos. Seguiriyas de Manuel Molina y el sello inconfundible de Manuel Torre. Y el fandango personal, tan solemne y tan enjundioso como cualquiera de los otros dos estilos.

Niño prodigio, hijo de Caracol el del bulto, el cantaor se reveló con trece años en el concurso de Granada (1922) y desde entonces hasta su muerte en accidente de tráfico estuvo en primera fila del arte flamenco y de la canción aflamencada.

No existe en el mercado una edición crítica de la obra de Caracol, ni de Una historia del flamenco, ni de ninguna de sus grabaciones clásicas, sino que la mayoría de los CD que del sevillano podemos encontrar hoy en el mercado alternan sin criterio mayor cantes con cantos aflamencados, en ocasiones sin fechar las grabaciones. Tampoco existe un estudio satisfactorio de la obra del cantaor y así seguiremos a la espera de la edición de la biografía que desde hace 20 años prepara José Blas Vega. De esta manera no habrá que llegar al bicentenario para que el gran público conozca a fondo a este creador.

Yo quiero aportar dos momentos de este artista, diametralmente opuestos, en sus apariciones en la serie de Rito y Geografía del Cante: primero, una visión del Manolo Caracol triunfador y "dueño y señor" de su particular "ruedo" que era Canasteros. Y después, una breve interpretación, dedicada a su esposa muerta, en la que vemos un Caracol derrotado y herido, en ese mismo "coso", pero sin más público que su yerno, Arturo Pavón, y su fiel escudero, Melchor de Marchena.

Un momento público, y otro privado en que el artista conmueve en su abandono, soledad y desolación; en que el cantaor canta para sí mismo.



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