A mí aquello me sonaba un poco a chino, pero todavía era más incomprensible su afición al Cojo Peroche.
Cuando fui sabiendo algo más, me propuso crear una tertulia flamenca dedicada a este insigne extravagante del que sólo conocemos estas bulerías de Cádiz, "Era un señor muy devoto":
Le acompañan a las guitarras, Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar, y al piano, Felipe Campuzano, nada más y nada menos.
Esta foto debe ser de la misma sesión en la que se grabó esa única pista que se conserva de Antoñito. Estos personajes que rodean al cojo eran... todos grandes artistas y mayores gamberros.
Por lo visto -esto lo escuché en la radio a alguno de los presentes en la grabación-todos ellos estaban grabando y trabajando en los mismos estudios de Madrid, y convencieron al Cojo de que iba a poder grabar un disco, y que ellos le iban a acompañar. El cojo se preparó algo de lo que mejor cantaba: las bulerías de Cádiz, pero los jóvenes gamberros se habían puesto de acuerdo para cambiar, en un momento determinado, todos a la vez el tono de la guitarra y el piano, de tal forma que Antonio se quedó, sin comerlo ni beberlo, con el culo al aire y desafinando muy malamente.
Os incluyo un texto sobre el Cojo Peroche, aparecido en la prensa gaditana:
Eduardo Lumpié Sánchez "Charletas gaditanas" (La Voz de Cádiz, 18 de julio, 2006)
"El Ayuntamiento ha sacado ahora un eslogan que dice Cádiz sonríe y parece que es ahora cuando ha llegado a nuestra tierra la gracia. Cádiz fue y es cuna de la gracia y de la ocurrencia espontánea, y no sólo de las personas que tenían este don, había muchos que aunque no son conocidos también tenían esa gracia gaditana. Recuerdo a muchos que tenían esa habilidad y que lo hacían sin creerse que la tenían: Ignacio Espeleta, Beni de Cádiz, Ramón Jarana, Vinaza el cochero, Manolo el aviador, El Sopa... y si recordamos a uno de los más conocidos, hablamos de Antonio Vargas Gómez, El cojo peroche.
Era el Cojo hermano del gran cantaor gaditano Manolo Vargas, que se fue a Madrid desde muy joven para abrirse paso en el arte que tenía. Una de las anécdotas que se cuenta de El cojo fue que le pusieron al gran Aurelio Sellés una calle a su nombre que era, y es, el trozo que empieza la calle Flamenco. Llamó desde Madrid Manolo a su hermano para preguntarle que si era verdad que le habían puesto a Aurelio una calle, a lo que El cojo le contestó: «No te preocupes Manolo, que la calle no tiene ni casapuerta (sólo tenía una)». Del cojo se cuentan muchas anécdotas, unas pudieran ser realmente suyas y otras tan sólo se las aplican a él, pues podían resultar más graciosas poniéndolas en su boca. Cuentan que fue un día al cine con su inseparable Beni de Cádiz para ver una película del Oeste, y al ratito de empezar ya habían matado por lo menos a cien indios; entonces, El cojo le dice a Beni: «Benito, cúbreme que voy a ir al retrete».
En cierta ocasión paseando también con el Beni por la calle Isabel la Católica se pararon en la casa donde nació el insigne José María Pemán. Cuentan que el Beni le dijo entonces al cojo: «Antonio, cuando yo muera en la casa donde nací, en la calle Hércules, también pondrán una lápida como ésta», a lo que el otro contestó: «Desde luego, y dirá: Se vende».
Afortunadamente y gracias a la colaboración de la Peña de Enrique el Mellizo, y de su presidente Antonio, ya existe esa placa en la calle Hércules, lugar donde vino al mundo Benito Rodríguez Rey, Beni de Cádiz.
Recuerdo que en la calle San Juan y propiedad de Manolo Fedriani, propietario de las bodegas San Juan, aprovechando un algibe muy grande se abrió un tablao flamenco que se llamó La cueva del pájaro azul, y allí colocaron de portero al Cojo peroche, vestido de bandolero. A pesar de su minusvalía física y su media lengua bailaba y cantaba con mucha gracia."
(Dedicado a Otoski)
